El Pádel debería estar lejos de ser un deporte olímpico. ¿Por qué?
Si estás metido en la industria del pádel y no te acabas de caer de un árbol, habrás oído hablar una y otra vez del sueño de ser deporte olímpico.
Los Ángeles 2028, Brisbane 2032… o tal vez ya para 2040.
La realidad es que estamos lejos de serlo.
O, al menos, deberíamos estarlo.
Te cuento por qué:
Que sí, que el breakdance lo fue en París 2024. Justo por eso no deberíamos precipitarnos.
Para llegar a ser olímpico, antes deberías ser un deporte global. Y no al revés.
Debería ser un premio, más que un medio. O eso pienso yo.
Y sí, el pádel está lejos de ser un deporte global. Muy lejos. Nos guste o no. Por mucho que sea el “fastest-growing sport” del mundo.
En España cuesta hacerse a la idea de esto porque es uno de los deportes más practicados con mucha diferencia. Esta semana, un amigo me preguntaba si era más popular a nivel mundial el pádel o el golf.
La realidad es que, fuera de los países con gran tradición, en vez de decir que vas a jugar al pádel, dices que vas a jugar al tenis, pero con paredes. Porque, si no, la gente no te entiende. Y acabas teniendo que enseñarles un vídeo porque siguen sin pillarlo.
Solo es cuestión de tiempo. Las pistas no se construyen de la noche a la mañana. Y, en los países sin tradición padelística, lleva años concienciar a la población.
Antes de que el pádel se vuelva deporte olímpico, enfócate en lo que hace sostenible a tu club hoy: comunidad, identidad y fidelización real de jugadores.
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